Esta delicada pintura, debida al maestro más refinado del siglo XVIII español, presenta una peculiar dedicatoria en caracteres griegos, indicio tanto de la formación académica de Luis Paret como de su deseo de ser considerado más que un simple artesano. La fecha del cuadro, escrita en griego, se ha identificado ya correctamente como 1783, al haber podido leerse el último número como un 3, sería entonces 1783: Luis Paret a su esposa queridísima queriendo pintar en color lo hizo en el año 1783. Viste a la moda francesa de los últimos años del reinado de Luis XVI y se representa a través de una ventana, rodeada de flores. La obra es refinada y suntuosa en todos los detalles, tanto de la ambientación como de los objetos y vestuario, éste quizá demasiado rico para las posibilidades económicas del pintor.
En ésta como en otras pinturas de su etapa madura, Paret demuestra un considerable virtuosismo. La equilibrada composición, la variedad cromática, el dibujo minucioso y la precisión de los detalles permiten advertir sus dotes de observación y su facilidad para enfrentarse con cualquier género pictórico. Ponen de manifiesto, a la vez, su conocimiento del arte europeo coetáneo, a mitad de camino entre el Rococó ya en declive y el primer Neoclasicismo, todavía carente de la severidad propia de su momento de apogeo.
Esta efigie se relaciona con el Retrato de artista, hoy considerado autorretrato del propio Luis Paret (P7701). El descubrimiento y estudio de ambas obras supuso en su día una aportación de primer orden al catálogo del pintor. No obstante, resulta difícil considerarlas como pareja debido a la diferencia de dimensiones y a la distinta estructura compositiva de ambas. Sin embargo, por la caracterización de los dos retratados -ella presentada como una elegante dama y él como un artista en su taller, rodeado de referencias a su actividad- puede afirmarse que las obras están estrechamente relacionadas (Texto extractado de Luna, J. J. en: El Prado en el Ermitage, Museo Nacional del Prado, 2011, pp. 184-185).